sábado, 2 de junio de 2018








N° 18 AÑO II
Junio de 2018

Texto: Alicia Grela Vázquez
Imagen: Elsa Sposaro

Casandra


SUMARIO

Adelfas

Casandra 




Adelfas

Desde este luminoso lugar, que es mi país, les contaré, ya que así me lo han pedido, las historias de la guerra que sé, por haber tomado parte de ella y padecido sus consecuencias. Nada diré que no sea verdadero. Pero mi versión, que algunos llamarán interesada, puede que difiera de la que conozcan a través de las voces de algunos poetas.




Ustedes como anteriormente los griegos, nuestros enemigos malos, consideraron creativos a quienes con lenguas de víboras silbaron dudosas acciones. No insistiré en esta cuestión. La guerra continúa y así ha sido a través de los siglos. De ustedes sólo pido la atención y el relato será la apología (defensa y elogio) de nuestros hechos.




Palas Atenea (Minerva) - Fidias


Pongo a Palas por testigo, juez y parte, (diosa de la sabiduría, de la justicia y de la guerra) de cuanto les he de decir. Y pido a Apolo, que sabe la verdad, me castigue, como lo hizo con mi amiga Casandra y me condene de igual modo, si mis palabras fuesen engañosas.



Apolo



Comenzaré por decirles que nací en un tiempo que se remonta más de tres milenios atrás, en lo que llaman Asia Menor, en las proximidades del Estrecho de los Dardanelos, (Helesponto). En la ciudad más bella y próspera de la región: Ilión (Troya).



Plano de Ilión (Troya)



Las características de nuestro pueblo y las de nuestra geografía no han sido bien descriptas y no son concordantes con nuestra realidad. A las que ya mencioné, agrego la presencia de los pozos de agua que permitieron sobrevivir a la población por los diez años que duró la guerra y también las tierras de cultivo. Eso también nos ayudó a seguir con vida hasta el fin.



Localización de Troya



Es la nuestra una tierra joven, montañosa, marinera. El clima es benigno con una estación seca: el verano muy propicio para la instalación humana. Para entonces el bienestar general de nuestra gente y la magnificencia de nuestros reyes estaban basados en la estratégica posición de Troya, la amurallada.



Murallas de Troya



Las ventajas del sitio se unían a las de la posición que le permitiría a nuestro estado tan pronto cobrar impuestos a las naves que traficaban entre los mares Egeo y Negro, como controlar las rutas a Oriente y abastecerse del trigo producido por las ubérrimas zonas asiáticas.



Cereal y afrechillo


Este auge en el comercio favoreció algunas incursiones navales que llegaron a las costas griegas. Pero aquí la mala conciencia de los helenos actuó contra nosotros. Fuimos considerados piratas, porque por su propia experiencia interpretaron que haríamos luego, lo que primero hicieron los aqueos y luego los dorios: la invasión exitosa de un territorio.



Desembarco de los piratas aqueos


Si un pueblo cobra un derecho de paso eso es peaje y debe hacerlo para mantener las rutas de manera tal que sean seguras. Cuando nosotros lo hacemos, somos abusivos, y carecemos del derecho natural para legitimar esa acción que podría considerarse como meramente impositiva.

La felicidad no tiene historia. Puedo poco decir de mí en esos años, sino sólo que cumplía con todas las condiciones de posibilidad de la eudemonía. Nacida en el seno de una buena familia, fui llamada Lisis, porque esa era una invocación y un modo de realizar los deseos de mis padres.


Familia real troyana



Crecí como otros niños, atendiendo a las reglas de una moral heroica: el amor a la gloria. Realizábamos nuestro ideal. La virtud o perfección (areté) era el honor, del cual fuimos atrozmente despojados. Pero no me anticiparé. Los días entonces para mí transcurrían iguales los unos a los otros.

Compartía con Casandra y sus hermanas el apodo de adelfa, pues era una más entre ellas, como así también el aprendizaje de los buenos hábitos para comer, las enseñanzas de canto y a ejecutar la lira, mientras los varones practicaban el manejo de las armas. Algunas de ellas, las más antiguas, eran aún de cobre y las alternaban con las más nuevas: de hierro.


Adelfas



En el tiempo libre que nuestra instrucción nos dejaba, corríamos por los huertos y jardines que rodeaban el palacio real o nos demorábamos en las habitaciones perfumadas, conversando, haciendo planes, saboreando algunas de las delicias que nos llevaban o intercambiando ropas, calzados y adornos, para divertirnos y vernos mejor.


Tu peplo por mi clámide. Tu broche por mis sandalias. Sólo eso se oía y nuestras risas. Casandra ya daba a conocer sus profecías. Pero en ese medio, era igual que le creyésemos o no. Más tarde, aún anunciándoles el trágico final, fue desatendida por los suyos, que así contribuyeron a él. Los nuestros fueron no sólo sordos a sus voces, sino que cruel y estúpidamente, se burlaron de sus visiones.


Profecías de Casandra



¡Horrible venganza de Apolo por no ceder a su requerimiento sexual! El dios la desacreditó y al hacerla inverosímil introdujo múltiples e indeseables efectos: a ella la hizo pasar por loca (como si los locos no pudiesen también decir la verdad); a quienes la queríamos nos llenó de dolor su sufrimiento y la incomprensión de que fue objeto; y a todos nos llevó a ser víctimas de los aqueos que llamaban bárbaros a quienes no hablaban su lengua (y balbuceaban).

Los dulces años pasaron. Eso lo supo cuando llegaron las naves griegas. Mil doscientas, quizás más. Los más jóvenes llegamos hasta la costa para presenciar el comienzo de nuestro fin. Barcos de diferentes características y tamaños, pero todos con remos y velas tomaron su lugar en nuestra mar.



Naves invasoras griegas


Grandes hombres invasores daban gritos y al cabo de poco tiempo otro grupo había terminado de construir un campamento militar y una empalizada que ocultaba las naves de nuestra vista. Corrimos a contar la mala nueva, preguntándonos el porqué de todo ese despliegue.


Campamento griego en Troya


Más tarde hubo muchas versiones. Durante los diez años que duró la cruenta guerra oímos tantas y tan diferentes...Si la guerra fue sangrienta, la paz lo fue aún más. En la pelea se derramó la sangre de nuestro campeón (Héctor) y de nuestros héroes. Pero, ¿qué sucedió cuando fuimos vencidos? ¿Acaso nos fue mejor entonces?



Entrada del caballo de Troya – Tiepolo



Los griegos nos impusieron sus reglas: sólo la victoria da derechos. Durante una década, y aún después sufrimos por un conflicto insalvable, un poder oculto nos aplastó. Pero debíamos presentar batalla e intentar la superación. Pero ¿cómo hacerlo sin ofender a los dioses? ¿Cómo, sin incurrir en la hybris, el exceso, el peor de los pecados que desencadenaría mayores males como castigo a nuestras acciones?



La diosa Hybris



 El conflicto nos enfrentó a la fatalidad, a lo inevitable, al dolor y a la muerte. En la desesperación por entender lo incomprensible, por racionalizar lo irracional, buscamos causas, responsables y hallamos culpables (o inocentes) que castigamos. La versión de nuestro enemigo pone como agentes de nuestra destrucción a las diosas Hera, Atenea y Afrodita.


Hera, Atenea y Afrodita – Simonet


La vanidad, la competitividad y el egoísmo divino se habrían manifestado en el certamen que determinaría cuál era digna del título que conferiría la manzana de la discordia de Eris: “a la más bella”. El primer concurso de belleza, llevó al episodio conocido como el Juicio de Paris.



El Juicio de Paris - Rubens



Yo, como le oí decir a Hécuba, nuestra reina, primero la esposa y la viuda luego del prolífico rey Príamo, considero que las diosas son inocentes y sólo los hombres son culpables. Éstos acusan a Afrodita, diosa del amor, de los deseos insensatos de Paris, que lo motivó al rapto.



Hécuba y Príamo



Otros eligen, como Hécuba, a Helena, hija de Zeus y Leda, como desencadenante del conflicto. Pero yo sé, porque vi la conducta de su esposo Menelao, que no vino por ella, sino por nosotros y nuestras riquezas.



Helena


Helena prefiere responsabilizar a Hécuba (la madre de su raptor). Pero ¿se puede pedir mayor sacrificio a una madre de muchos hijos, que el abandono de aquél (Paris) que las visiones proféticas anunciaran como el fin de los troyanos? Su acción fue para salvar a toda su descendencia de la destrucción y la muerte.


Ella, Hécuba, entre lágrimas, lo dejó para que muriese. ¿Habría que culpar a la osa que lo amamantó como a otro de sus cachorros y le salvó así la vida? ¿O quizás al piadoso Príamo que al verlo fuerte y hermoso lo sumó nuevamente al conjunto de su numerosa prole? Él hizo de Paris un Alejandro. Y éste nunca fue consecuente con su nombre. ¡Cobarde!


Helena y Paris


Muchas veces oí los reproches de su madre, de su esposa y de su heroico hermano, nuestro campeón: Héctor. ¿Cómo entender que Andrómaca, con la que tantas veces jugué de niña, fuese llevada por sus verdugos? ¿Cómo, que fuese tomada por Pirro, el hijo de Aquiles, el matador de su esposo? ¿Cómo, que se destruyera un matrimonio ejemplar como el suyo?




Hécuba y Polixena – Merry-Joseph Blondel



¿Cómo, que decidieran por ella dar muerte a su pequeño hijo, por ser la semilla de nuestro bravo campeón: Héctor? Esta práctica se repetirá muchos siglos más tarde, aunque con variantes. Esto para no mencionar las intrigas en las que debió tomar parte, para vengar tanta infamia. Andrómaca fue elegida por sus virtudes. Ella sabía lo que debe conocer una esposa: cuándo hablar, y cuándo callar...



Héctor se despide de su esposa Andrómaca y su hijo Astianacte



Y la pequeña Polixena, a poco apareció degollada en la tumba a la que estaba consagrada. Y justamente de Aquiles, que se enfrentó a los jefes griegos primero, por la hegemonía de los ejércitos y luego, por el reparto del botín de guerra, parte del cual era una de nuestras hermanas.



Polixena sacrificada por Neoptolemo - Timiades



Pero vuelvo a Hécuba, la que fue no sólo la madre de mi amiga, sino la mía como la de todo mi pueblo. Ella fue entregada a Ulises como esclava. Se trató de conformarla diciéndole que sería servidora de una mujer casta, de una reina, de Penélope. ¡Pobre consuelo ofrecido a sus muchos y nobles años!




Hécuba ciega a Poliméstor


No sería una de las que yacen heridas por las duras tareas manuales y el maltrato de sus amos. Pero seguramente conduciría, educaría a los hijos del astuto destructor de su reino y su gente. Por su extracción y formación sería pedagoga. Una esclava que enseñaría valores fundamentales y trascendentes a sus enemigos y opresores.


Hécuba


Finalmente les diré de mi gran amiga Casandra. Ella, como sus hermanas, fue educada y conservada virgen por su madre. Las demás, esperando hallar y merecer buenos maridos. Ella, para consagrarse como sacerdotisa al culto de Apolo. Y fue precisamente ella quien fue violada y tomada como amante por el rey de reyes de los ejércitos panhelénicos: el poderoso Agamenón.



Casandra y Ayax – S.J. Solomon



Este miserable rey, que porfió su jefatura con el más astuto: Ulises; con el esposo ofendido: Menelao (su hermano y concuñado, además) y hasta con un semidiós: Aquiles; y salió triunfante, pues a criterio de los griegos era más porque tenía más. Desde entonces, en el mundo que fue de ellos, se consagró esta ley: ser es tener. Así, es más el que tiene más. Tanto tienes, tanto vales. ¡Pobres vencedores y míseros vencidos!



Arrastrada por Ayax Casandra se aferra al paladio



Nuestra Casandra, que se negó a cantar por no celebrar malas acciones, prometió la muerte a Agamenón. Ella recibió la luz por Apolo, y también su furor y demandó a Himeneo la llama correspondiente a las bodas de las vírgenes (ella lo era). Recuerdo de ella su bravura, su sensatez, cuando pedía rehuir la guerra, pero exigía valentía en la lucha, si ésta sobrevenía.



Arrastrada por Ayax Casandra se aferra al paladio



Evoco las críticas de los nuestros, cuando ella reía de sus males domésticos y cotidianos y predecía cosas (que podrían no suceder nunca, como los viajes de Ulises). Elogio su fuerza y su sabiduría, cuando afirmaba que el muerto no llora por sus dolores. La muerte no es nada. La vida espera siempre.



Coro de troyanas


Ella es nuestro emblema patrio. Con ella los frigios seremos símbolos de libertad para el mundo venidero. Los reyes, los poderosos, no son necesariamente superiores a los que nada valen, a los comunes, como lo mostró el más grande de los griegos poseído por el deseo de esa ménade.



Frigios símbolos de la libertad



Atis con gorro frigio


Finalmente, en mi despedida de ustedes, agradezco a Atenea que haya querido hacer justicia (Diké) y tomar venganza por Casandra, que fue arrastrada de su templo por los invasores griegos, sin que ni uno solo de ellos saliese en su defensa. Por eso Palas, persuadiendo a Poseidón consiguió liberar la furia del mar.




Poseidón (Neptuno) – A. Kim



Minerva también obtuvo de Zeus el granizo y el fuego del rayo que llevaron al naufragio a las naves de los saqueadores de Troya...Nosotros, los pocos que sobrevivimos a los terremotos, los maremotos, los incendios y la furia de los griegos, reconstruiremos Ilión piedra por piedra, con ayuda de los dioses.



Zeus y Neptuno provocan el naufragio de los griegos





Casandra 

Ismael Serrano








sábado, 12 de mayo de 2018







N° 17 AÑO II
Mayo de 2018

Texto: Alicia Grela Vázquez

Imagen: Elsa Sposaro





SUMARIO

El picaflor

Contadas e incontables



El picaflor

Pablo Neruda
El colibrí de siete luces,
el picaflor de siete flores,
busca un dedal donde vivir:
son desgraciados sus amores,
sin una casa donde ir
lejos del mundo y de las flores.
Es ilegal su amor, señor,
vuelva otro día y a otra hora:
debe casarse el picaflor
para vivir con picaflora:
yo no le alquilo este dedal
para este tráfico ilegal.
El picaflor se fue por fin
con sus amores al jardín
y allí llegó una gato feroz
a devorarlos a los dos:
el picaflor de siete flores
la picaflora de colores:
se los comió un gato infernal
pero su muerte fue legal.



Contadas e incontables

Las andanzas eróticas de Hércules, contadas e incontables, suponen una manera de concebir y tratar a la mujer, propia de los tiempos heroicos y del régimen patriarcal. Uno de sus amores lo halló cuando intentaba cumplir con uno de los trabajos (el noveno) que le fueron encomendados: conseguir el cinturón mágico que Ares (equivalente griego de Marte, el sangriento dios de la guerra entre los romanos) padre de la reina de las Amazonas le había regalado a su hija Hipólita.  





Hércules e Hipólita


Ella también, aunque como excepción, le habría correspondido sentimentalmente, pues a los varones en la comunidad  amazónica sólo se les reconocía como reproductores . Por esa razón pudo haberle entregado voluntariamente la valiosa prenda. Aunque, según otras versiones ella se lo habría dado como rescate para que su hermana Melanipa fuese liberada del secuestro del que fuera víctima. Una reliquia a cambio de una vida.



Hipólita da  el cinturón a Hércules



La tradición hace intervenir nuevamente a Hera, quien continuando con su venganza, habría introducido la desconfianza sobre la relación del intruso con la reina. La discordia inducida en el seno de las Amazonas y la confusión  generalizada facilitarían el fatal desenlace en que Heracles, el heroico enamorado, diese muerte en combate a su amada Hipólita.



Hércules e Hipólita



La ópera barroca de Antonio Vivaldi  Hércules en el Termodonte , aunque parcialmente perdida, recrea este singular episodio, apelando a la ley natural que las amazonas violarían, con sus actitudes belicosas y masculinas. Para corregir ese error Hércules se propuso dejar el territorio libre de mujeres.







Hércules mata a Hipólita



Deyanira (la Vencedora de los Héroes) también practicaba las Artes Marciales, como las amazonas, e incluso conducía un carro. Su padre la prometió, según Apolodoro,  a Aqueloo (el dios río). Pero Hércules la pretendía para sí mismo. Para conseguirla luchó con aquél y lo venció. Así consiguió a su tercera esposa.



Hércules y Deyanira



El malvado centauro Neso, solía cobrar peaje aquienes pretendían cruzar el caudaloso río Eveno, que consideraba propio. Esto mismo le reclamó a la mítica pareja recién casada. Hércules se negó a pagar y alcanzó a nado la otra orilla. Entonces el perverso híbrido capturó a la mujer que había quedado sola e intentó violarla.




Neso, Deyanira y Hércules



El esposo desesperado arroja flechas, envenenadas quizás, contra el secuestrador y lo hiere de muerte. En su agonía el malévolo ser engaña a Deyanira, haciéndole creer que si ella mojara con esa sangre la capa del héroe, éste le sería siempre fiel y la amaría eternamente. Ella guardó ese elixir, como un producto para enamorar, porque pensó que nunca se sabe si se lo va a necesitar. En el transcurso de su matrimonio Deyanira, el tercero de Hércules, tuvo dos hijos: Macaria e Hilo.



Neso, Deyanira y Hércules



Su temor fastasmal a perder a su amor tomó cuerpo, cuando reapareció Yole, un antiguo amor de Hércules en otras tierras, que se tornó en el último. Algunas versiones culpan a Afrodita de la cadena de infortunados desastres ocurridos por la amable aparición, que provocó los celos de Deyanira. Su mundo debía volver a recuperar el equilibrio perdido y ella a su esposo.


Yole, representación medieval



Muchas veces el miedo es un mal consejero al que conviene no oír. Pero por la inseguridad de ese momento ella se acordó de la reliquia que le había dado Neso poco antes de morir y que ella no sólo guardó, sino que atesoró: la sangre de enamorar. Repasó mentalmente las instrucciones que el centauro le dejara para conseguir el resultado afrodisíaco deseado.


Licas entrega la túnica a Hércules



Luego entregó a Licas la capa con la sangre de Neso para que el heraldo se la diese a Hércules, para que la vistiera en la ceremonia a la que debía asistir. En contacto con la prenda envenenada la piel del héroe comenzó a arder. Esta acción carente de culpa del compañero, fue considerada como una traición por Hércules, quien lo arrojó al mar, donde se convirtió un una roca más.




Hércules arroja al mar a Licas



El escozor pasó a ardor y luego a dolor insoportable, desde la piel a los músculos y llegó a los huesos. Sin pensarlo más, en el arrebato arrancó los árboles con los que construyó una pira y la encendió. Luego le dio sus armas a Filoctetes para triunfar sobre Troya en la guerra, creyendo que sin ellas los griegos no alcanzarían la victoria. Finalmente se metió en ella. Allí el fuego consumió su parte humana.




La muerte de Hércules – F. Zurbarán



La muerte de Hércules representada en la obra de Zurbarán, muestra al centauro Neso en el fondo, haciéndolo responsable de ese trágico desenlace, cuyas secuelas fueron la inmolación de dos de sus enamorados: Yolao y Deyanira. Al primero se le rindió culto. A la viuda no se le ha hecho justicia, pues se la ha tenido como envenenadora.



Yolao y Hércules unidos por Eros


Se omitió el hecho de haber sido la prometida del dios río Aqueloo, que separa la región de la que ella era oriunda de la zona propia de Yole. Todo esto prescindiendo de la violencia como  característica distintiva de sus relaciones amorosas, fueran éstas masculinas o femeninas.


Apoteosis de Hércules – P.P. Rubens



Tras su muerte como humano, sobrevino su apoteosis, cuando se lo integró como dios. Entonces, según Homero tuvo lugar su cuarto matrimonio, pero con una inmortal: Hebe, conocida como Juventas por los romanos.



Apoteosis de Hércules – F. Le Moyne



Los poetas homéridas cantaron en la Ilíada y en la Odisea también la relación de Hebe y Hércules. Ambos poemas épicos aportan elementos y datos ilustrativos. En la Ilíada se dice de Hebe que era la hija favorita de Juno (Hera).  Mientras que su padre, Zeus tenía como preferida a Palas Atenea (Minerva).



Hércules y Hebe



Hebe asistía a los dioses y escandía su bebida y que al casarse ella, el raptado Ganimedes cumplió esa función secundaria. Y en la Odisea Homero cuenta que del matrimonio de Hebe y Hércules tuvieron dos hijos: Alexiares (la que ahuyenta la guerra) y Aniceto (el invencible). Ambos, como especial favor por ser descendientes de Hebe, permanecieron siempre niños.



Casamiento de Hebe y Hércules



El matrimonio de Hércules y Hebe descendió algunas veces a la tierra para visitar a los mortales humanos. En una de esas ocasiones lo hicieron para persuadir a Filoctetes de participar de la Guerra de Troya. El que fuera amante del heroico matador de Caco, no pudo participar en principio de la contienda por haber sido mordido por una serpiente.




Filoctetes en la isla de Lemnos – Jean Germain Droual


Pero, una vez repuesto y curado, pudo llevar las armas que Hércules le dejó como legado. Con ellas hirió y mató al príncipe troyano Paris, el raptor de Helena de Esparta, a quien Filoctetes  pretendió antes de que Menelao la esposara.



Hércules con Telefo, uno de los heráclidas



En otra oportunidad lo hicieron para entrevistar a otro de los antiguos amantes de Hércules: Yolao, su sobrino, para ayudarlo en la defensa de los heráclidas, enfrentados con Euristeo. Este rey que le había impuesto los doce trabajos al héroe, cuando se deificó persiguió a sus hijos, primero refugiados en Atenas. La tradición cuenta que con auxilio divino, el amado sobrino le dio muerte.



Euristeo escondido en un ánfora



Las relaciones amorosas de Hércules son inseparables de otros hechos relativos a los trabajos y las aventuras que protagonizó. Los de Hércules son amores sin cuenta. Lo son, en principio, por lo innumerables. Las parejas femeninas mortales e inmortales, le dieron una numerosa descendencia que se conoció con el nombre abarcador de heráclidas. Y sólo de ellas se habló fuera del mundo antiguo griego, aunque se conservó la misoginia y el patriarcado de entonces.



Eros


Plutarco en el diálogo Erótico  (en defensa del amor conyugal) comparó la homosexualidad y  la heterosexualidad y elogiando a Eros, afirmó que las parejas masculinas de Hércules fueron tantas que sería imposible contarlas (enumerarlas). No se contó (narró) nada sobre sus vinculaciones homosexuales, cuando la sociedad se hizo exclusiva y obligatoriamente heterosexual.  El relato de las relaciones homosexuales fue censurado, esas acciones fueron  prohibidas por considerárselas inmorales o desviadas, cuando no delictivas.



jueves, 5 de abril de 2018



N° 16 AÑO II
Abril de 2018

Atenea


SUMARIO

La siguiente generación: Atenea

Búho



La siguiente generación: Atenea  

Texto: Alicia Grela Vázquez
Imagen: Elsa Sposaro


Los poetas homéridas cuentan que de las esposas de Zeus, la primera fue Metis. Ella encarnaba la astucia, la justicia y la prudencia. Esta rara virtud era considerada como una forma de la sabiduría. La portadora era tenida por buena consejera y entendida en productos medicinales. Prueba suficiente de ello fue la poción emética con la que rescató a los hijos que Cronos había ingerido, y hasta recuperó la piedra que Rea le diera al titán para que tragase, en lugar del niño que así habría de conservar a salvo. 


Metis


Júpiter se unió en matrimonio con su discreta salvadora y prima, (hija de Tetis y Océano) pues no pesaba entre ellos la prohibición del incesto. Tampoco regía ni siquiera para los hermanos en las familias gobernantes egipcias, germánicas ni incaicas, y quizás por la misma razón: impedir la división y el reparto del poder y el patrimonio.


Metis y Zeus


La mitología afirma que ella fue su primer amor. Juntos concibieron una criatura, que según profetizaba la pródiga e infalible Gea, sería el fin del Imperio de Zeus. Decidido a impedirlo, haciendo honor a su epíteto de predador, procedió a devorar a la embarazada, superando el crimen de su propio padre Cronos.



Estatua de Zeus (Imperator) – Fidias



Cuando la gestación debió llegar a su término, Zeus no pudo ya soportar el dolor, a tal punto que hubo de pedirle a Vulcano, que con alguna de sus herramientas (un hacha o una maza) con las que trabajaba como herrero en la forja, en el interior profundo de la tierra, le abriese la cabeza. Las Artes del Fuego tuvieron un origen mítico con Hefaistos (Vulcano) y sus ciclópeos asistentes.



La fragua de Vulcano – Velázquez



Hefaistos accedió, y del espacio abierto por el corte surgió Atenea, adulta, vestida, calzada y completamente armada, con su lanza, espada, escudo y casco. Lista y preparada para dar batalla. Las cerámicas halladas por la Arqueología cuentan en distintos momentos y lugares de la Hélade su parto singular con diferentes materiales, colores y técnicas. Los artefactos muestran también a Metis oculta, bajo el trono de Zeus. Así permaneció olvidada por todos (incluida Atenea).



Nacimiento de Atenea



Su padre terminó de pergeñarla. La idea podría sugerir que los varones conciben, aunque de un modo especial (mentalmente) a sus hijas. Zeus,  al verla ya fuera de él, tan valiente poner las armas a sus pies, y luego de oírle decir: “que nunca tenga que usarlas en tu contra”; y considerándola dispuesta, prudente y sabia, sin más la integró en el consejo de los dioses mayores.
      

Nacimiento de Atenea



Tenía, como su padre, la valentía, el coraje y la propiedad de cambiar de forma a su antojo.  Como él poseía su animal emblema: el búho, asociado como ella a la sabiduría, que le había dejado como legado, su madre. De ella provenía la nueva generación: la de los ojos verdes: Minerva.
           


Búho de Minerva


 Atenea debió disputar el patronato de la ciudad con su tío Poseidón. Para convencer a los ciudadanos, él les prometió agua, pero al ser Neptuno el dios del mar, su ofrecimiento (o soborno) fue rechazado en razón de su salinidad. Palas, en cambio les regaló un olivo y les enseñó a cultivarlo y servirse de él para obtener aceitunas, aceite y madera. Con esto consiguió ser elegida por las mujeres, aunque los varones perdieron al votar por su oponente. En su honor llamaron Atenas a la urbe en disputa.



Atenea y Poseidón



Su medio hermano, Apolo (hijo de Leto) también está vinculado con el conocimiento cuyo símbolo es la luz y con el oráculo. Las profecías de las pitonisas a través de las cuales hablaba el dios eran una gran a atracción para helenos y extranjeros. Ambos fueron favorecidos por la devoción popular. Los griegos construyeron templos en su honor en toda Grecia.


Templo de Apolo en Corinto



El Partenón  hace referencia a la diosa  como la Virgen (Partenós) Atenea. Esa característica hizo que el vaticinio, que nunca se equivoca, fallara con ella, la protectora de la Filosofía, las Ciencias y las Artes como así también de la guerra. No de la sangrienta propia de Marte (Ares), sino de la estrategia que permite triunfar). Heráclito, el oscuro afirmó que de ella nacen todas las cosas. Los griegos consideraban, con razón, que muchas técnicas y productos se debían al deseo de poder y dominio asociados con lo bélico.



Partenón en Atenas



EL SEÑOR BÚHO

Luis María



Está vigilante y serio el búho
de guardia en el postede la tranquera.
Y da su aprobación o la niega
sea a quien sea
con el cogote girando
parado en el poste de la tranquera.

Son más severos sus ojos y más sabios
en la negrura de la noche
cuando está parado
como un rey absoluto
con el cogote girando
parado en el poste de la tranquera.

Aunque yo no mire al búho
yo sé que me está mirando
no sé si me condena o absuelve
pero siempre me está juzgando.

Cuantos amores secretos
miraron esos dos grandes y enigmáticos
ojos grandes y fijos
¿es amigo de las brujas o de los duendes?

No sé por qué tanta curiosidad
me inspira
y por qué tanto lo admiro
no sé de su misterio
y me pregunto de dónde vienen
su autoridad y su sabiduría.
Siempre está vigilante
con los ojos atentos
y con el cogote girando
parado en el poste de la tranquera.
Me conmueven esos grandes ojos fijos...

...¡yo no sé por qué lo quiero y me conmueve su misterio!...











  REFLEJO DE MUJER  N° 52   AÑO V ABRIL de 2021   Texto: Alicia Grela Vázquez Imagen: Elsa Sposaro Juana de Flandes SUMARIO Isabel...